sábado, 14 de mayo de 2011

Libro nuevo, llanto nuevo

Me sentí tan patética sentada en mi habitación, con los pies sobre el escritorio leyendo 'Cuentos para Verónica' de Poldy Bird llorando como si yo fuese una madre que está perdiendo a su hija por el puto pasar del tiempo. Me sentí rara por haberme puesto en los zapatos de esta madre que se angustiaba con el crecimiento de una niña.
Me recordó que la niñez era tan simple, que sonreír era cosa de todos los días; llorar no significaba lo que significa ahora. Cada vez que lloro con mis 17 años, siento que tengo un desborde colosal de emociones que simplemente no puedo expresar hablando o escribiendo. Cada una de mis lágrimas refleja un sentimiento que evitan que se acumule dentro mío una emoción indeseada o que simplemente ya no puedo guardar. Antes lloraba porque no recibía suficiente atención, porque no me compraban lo que yo quería o porque me lastimaba jugando; siempre tenía un motivo. Ahora todo es tan complejo que ni siquiera sé porque lloro. Más de una vez me he sentado contra la ventana y sentía que mi cara entera se humedecía sin razón aparente. Un llanto que desconocía y que aun no comprendo del todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario