Totalmente incapaz de herir voluntariamente sentimientos fuertes ajenos. Es más fácil herir los propios y agonizar en silencio, en la comodidad de un cuarto extraño, lleno de sombras que se mueven cuando los autos pasan por una calle adornada de inicio a fin por la oscuridad.
He fingido felicidad tantas veces que ya realmente no sé qué se supone que se debe sentir en situaciones como estas. Cuando nos sentimos desamparados frente al dolor y a la soledad, nos resulta insólito tener que sonreír cuando llorar parece la única opción razonable. Pero la lógica hay veces que no tiene ni ton ni son, ya que todos afrontamos las consecuencias de nuestras decisiones de diversas formas esperando que sea la mejor.
Durante nuestra aguda tristeza terminamos hablándole a objetos inanimados tratando de explicarles por qué llueve en nuestros ojos y buscamos comprensión de quien no puede brindar siquiera un abrazo y nos sentimos aun más solos frente a nuestra lucha interna. Es por eso que quizás es más sencillo sonreír a pesar del dolor... para no tener que explicarles a las personas equivocadas el por qué de nuestro aparentemente imparable sufrimiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario