Una obra de arte vista por un ciego, es como amar sin corazón ¿Por qué seguís mintiéndome? ¿Por qué seguís diciéndome que soy la única a la que amás si eso no es verdad? El aire se escapa de mis pulmones. Los susurros de noches anteriores vuelven tratando de hacerme respirar y tu voz tan dulce me abriga de ese viento que todo lo consume, como el fuego que alguna vez quemó nuestras pieles y ardió en nuestro interior.
Lágrimas secas quedaron en mis mejillas luego de haber llorado y gritado tu nombre cien veces en la oscuridad para, más tarde, perderme en sueños. Me siento extraña en tu mundo perfecto, tan absurda. Como si no me reconocieras y te alejaras de mí por miedo a que te lastime. Como si yo fuese capaz de herirte, cuando el único que jugó con mi corazón y lo despedazó fuiste vos, me convenciste de que cuidarías de mí y conseguiste que te entregara hasta el último pedacito de atención.
Quedé expuesta al dolor que provocaban tus mentiras, pero siempre pensando que hacías todo eso por mi bien. Me refugiaba en lo que parecían ser abrazos y me alimentaba de esos engaños que durante mucho tiempo yo llamé cariño.
Ambos somos culpables. Yo por amarte y vos por haberme hecho creer que podía ser amada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario