A veces pienso en el recorrido de tus lágrimas cuando estas triste o emocionado, ya que tus lágrimas no son como las del resto; ellas, perfectas como diamantes, mueren por salir de tus ojos para dirijirse sin rumbo fijo por tu cuerpo. Empiezan por tus mejillas, acariciando suavemente tu simétrica nariz, para luego rozar tus labios; algunas llegan a sentir tu cálido aliento y deciden alojarse en tu boca, pero otras deciden explorar un poco más. Bajan por tu delicado cuello hasta llegar a tu pecho, en donde sienten cada latido de tu corazón. Algunas lágrimas se evaporan ahí por haber quedado delirando con la melodía de tu corazón. Pero otras insisten en seguir bajando... Descienden cada vez más, algunas se desvían por tus brazos hasta tus manos, para sentir su suavidad y calidez, pero las que llgaron hasta tu ombligo están decididas a seguir bajando. Continuan su camino hasta llegar a tus piernas, en donde el trayecto se hace más rápido y caen en picada hacia tus pies y terminan evaporándose felices de haber recorrido tu cuerpo.
Yo no hubiese llegado al final, probablemente ni siquiera hubiese dejado tus ojos, o quizás me pude haber perdido en tu boca y sus curvas, o tal vez me hubiese quedado anonadada con el sonido de tu corazón... pero jamás te huebiese dejado.
Qué lindo es ser una lágrima en tu cuerpo...
Yo no hubiese llegado al final, probablemente ni siquiera hubiese dejado tus ojos, o quizás me pude haber perdido en tu boca y sus curvas, o tal vez me hubiese quedado anonadada con el sonido de tu corazón... pero jamás te huebiese dejado.
Qué lindo es ser una lágrima en tu cuerpo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario